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Un nuevo modelo ecológico sobre el flujo de CO2 del suelo a la atmósfera ayudará a luchar contra el cambio climático

Los resultados de este primer análisis global del llamado ‘efecto cebado’ del suelo han sido recientemente publicados por la prestigiosa revista científica ‘Nature Communciations’, poniendo en valor la repercusión del descubrimiento dirigido por los investigadores Felipe Bastida, del Grupo de Enzimología y Biorremediación de Suelos del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC), situado en Murcia, y por Manuel Delgado-Baquerizo, de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), ubicada en Madrid, todas estas entidades en España.

Se trata de un trabajo muy ambicioso que ha englobado a investigadores e instituciones de todo el mundo, incluyendo distintas universidades de Estados Unidos, Australia, Chile, Taiwán, Alemania, Austria y Reino Unido, entre otros países. Gracias a esta amplia red de colaboradores científicos, se han podido obtener datos de los suelos de 86 localizaciones repartidas por los seis continentes, abancando todo tipo de climas, vegetaciones y comunidades microbianas.

Para explicar qué es el ‘efecto cebado’ (más conocido por su término en inglés, soil priming effect), Felipe Bastida detalla que “es un fenómeno descrito desde hace años. Se sabía ya que este fenómeno es importante en la regulación de la descomposición de la materia orgánica por parte de los microorganismos del suelo. Lo que realmente no se conocía hasta ahora es cómo se regula este proceso a escala planetaria: se desconocían los factores ambientales y biológicos que regulan este proceso. Esta es precisamente la contribución de nuestro trabajo”.

Ahora este equipo internacional ha descubierto que en los suelos de climas más templados y tropicales, donde hay una mayor cubierta vegetal y más materia orgánica en el suelo, este fenómeno es menos intenso. Los microorganismos están muy adaptados a recibir compuestos orgánicos (de las propias plantas) y por eso no se activan tanto al recibir nutrientes. Por el contrario, los suelos de climas más áridos y menos fértiles, donde normalmente hay menos cubierta vegetal y los suelos tienen mucho menos materia orgánica, los microorganismos se ven estimulados intensamente por los nutrientes que reciben y, fruto de esa estimulación, comienzan a desprender CO2 a la atmósfera. “Precisamente, este proceso de ‘cebado’ podría contribuir potencialmente a que estos suelos más pobres y desertificados perdieran aún más materia orgánica”, destaca Bastida.

“Aunque en términos absolutos ese CO2 emitido por parte de las células microbianas del suelo es una pequeña cantidad, debemos tener en cuenta que el suelo secuestra más carbono que la vegetación y la atmósfera juntos, y, por tanto, la determinación de los factores que regulan este proceso de “cebado” es muy importante a la hora de mejorar los modelos globales del ciclo del carbono y para predecir mucho más exactamente cómo el uso del suelo podría incidir en los flujos de CO2 y en el cambio climático asociado”, especifica el investigador del CEBAS-CSIC. .

Los investigadores principales consideran que su estudio “abre la posibilidad a entender mucho mejor cómo las prácticas agrarias inciden en el ciclo del carbono y su conexión con el cambio climático, así como a desarrollar estrategias contra el cambio climático y a mejorar políticas ambientales. Sabíamos desde hace décadas que la materia orgánica es fundamental para la sostenibilidad y fertilidad del suelo, y que debemos mejorar el contenido de materia orgánica y favorecer el secuestro de carbono orgánico para mantener suelos fértiles, algo muy preocupante por ejemplo en varias regiones de España, Australia, China, Estados Unidos y amplias zonas de África y Sudamerica, donde los procesos de desertificación pueden ser devastadores”.

Defienden que “con este estudio queda claro que la desprotección de suelos, con prácticas como la deforestación o agriculturas no sostenibles que hagan disminuir su contenido en materia orgánica, van a tener aún un efecto más negativo y hacer que estos suelos, ya de por sí degradados, se empobrezcan más y emitan la poca materia orgánica que tienen a la atmósfera en forma de CO2, contribuyendo al cambio climático. Por tanto, se debería priorizar la protección y restauración de muchos de estos suelos; por ejemplo, con estrategias como las enmiendas orgánicas o la reforestación para favorecer el secuestro de carbono y, con ello, mitigar el cambio climático”.

Esta investigación se ha conseguido mediante ensayos basados en la utilización de isótopos estables de carbono en suelos de diversas partes del mundo. Se trata de un abordaje multidicisplinar dado que incluye aspectos de última generación en microbiología, biología molecular y química que han permitido abordar este reto global.

Fuente: noticiasdelaciencia.com